De nombres

Recientemente tuve la oportunidad de leer Calles y Rincones de Bilbao, de Javier González Oliver. Un interesante lexicón sobre las distintas calles, plazas, puentes, parques, grupos, barrios y distritos que conforman el citado municipio. Someramente ensombrecido – como cualquier obra de esta naturaleza- por ciertas inexactitudes y tendencias del autor, permite aprehender la etimología de las calles, las motivaciones que llevaron a los dirigentes de la villa a elegir a ciertos personajes ilustres como imagen de las mismas, así como los inevitables cambios efectuados con el transcurso del tiempo.

Bilvao, 1575.

La historia la reescriben los vencedores, y no los vencidos. ¿Quién ha obtenido la victoria en la última batalla por las calles de Bilbao? Sin tomar en consideración los topónimos, los nombres que más abundan en las calles de la capital bizkaina son los de la oligarquía vasca en conjunción con los jesuitas: prodigan en un grado alarmante curas, santos, nobles, indianos que para purgar sus pecados construyeron hospicios, nacionalistas vascos, carlistas y hasta-¡qué despiste!- ilustres de la guerra de la independencia.

En algún que otro caso, y pese a representar modelos inaceptables de acuerdo a los tiempos modernos, puede tolerarse alguno de esos nombres debido a su rotunda importancia en la historia. Reitero, en algún que otro caso: cualquiera que analice los mismos sabrá que son los menos. Habrá quienes crean que los ciudadanos han recuperado el espacio que por justicia social les corresponde en las calles, mas no es así. Produce cierto desasosiego comprobar como aquellos que hoy gobiernan, son los descendientes directos de aquellos que lo hicieron dos siglos atrás. Al final, como en Thermidor, todo vuelve al punto de partida, ¿no es así?

A día de hoy ni la historia ni las molestias puntuales que puedan sufrir los vecinos puede ser un pretexto para no abordar cambios. Decía Saint Just: “En tiempos de revolución, todo lo que no es nuevo es pernicioso”. La democracia es una revolución progresiva y continua. Eliminar los nombres que el franquismo impuso en 1937 (*) fue práctica continuada en el Ayuntamiento de Bilbao durante los primeros años ochenta. Las cuestiones históricas o los vecinos no fueron impedimento entonces para los jeltzales. ¿Hemos de admitir que después de la restauración borbónica, la victoria ha sido de la oligarquía y el clero, y que no hay tal democracia? El espíritu crítico del bilbaíno debiera mirar hacia Madrid, pero también hacia su propia ciudad.

 

 

 

(*) Un caso excepcional es la calle Navarra: fue promulgada por el bando nacional en agradecimiento al importante papel de Navarra en su victoria, tanto en Bilbao como en el resto de la zona norte.

Anuncios

Etiquetas: ,

6 comentarios to “De nombres”

  1. Arenow Says:

    Interesante, sobretodo por el reflejo de la historia y el estado de una ciudad que los nombres significan. Queda salirse de Bilbao y comprobar cómo quedan las calles de otras ciudades, no solo en el país vasco sinó ya en castilla, andalucía y cataluña mismos.

    ¡Buen comienzo, muchacho! ¡A seguir!

  2. pads Says:

    ays, en Madrid también tenemos bastantes nombres de calles para capillitas y conspiradores, gente que no se sabe muy bien que ha hecho en la vida salvo vivir cerca de los poderosos del régimen

    Por cierto, feliz Germinal

  3. carla Says:

    Lo de las calles me genera sentimientos encontrados. Por un lado, manda huevos encontrarte una plaza o lo que sea dedicada a un franquista, y las vísceras te dicen: ¡¡Que le cambien el nombre!!

    Por otro… quizá lo correcto sería dejarla tal cual está, ‘Avenida Perico de los Palotes’ y añadir debajo: alto cargo X durante la DICTADURA… etc. Supongo que eso no cuaja porque en teoría, el hecho de poner tu nombre a una calle te reconoce tácitamente que hiciste algo bueno para la sociedad, pero dime si eso no sería una buena forma de mantener una ”memoria histórica” real…

  4. iarsang Says:

    En mi pueblo la casa está en la calle “José Antonio” :S
    O al menos así era hasta hace al menos cinco años, hace mucho que ni miro la placa…

    Bueno, te doy una espontánea bienvenida y unos espontáneos deseos de buena suerte en tu blog, pues he acudido de manera espontánea a hacerte una visita xD

    saludotes!!!

  5. avellanal Says:

    Enhorabuena por unirte a la legión, que no a la secta.

    Por lo demás, libros como ése son harto interesantes. Por ejemplo, yo no tengo mínima idea de quién fue el personaje que le da nombre a la calle sobre la que se encuentra mi casa.

    Espero que en Bilbao, además de nombres de curas, santos, nobles e indianos, también exista una calle llamada Miguel de Unamuno.

  6. kleefeld Says:

    Enhorabuena por unirte a la secta, que no a la legión.

    Este tipo de textos (me refiero tanto al libro del que parte tu reflexión como a tu propio escrito) revelan mucho más de quien lo escribió que no del tema a tratar: esas pequeñas decisiones sobre el orden de los nombres (alfabéticamente, por zonas, etc.) que acaban resultando decisivas, la lectura que se hace de un texto a priori objetivo, etc., todo ello sirve para demostrar, una vez más, que las palabras son el reflejo de los ojos que las ven, lo que a su tiempo provoca un reflejo en el pensamiento del lector cuyos ojos se deslizan por el papel.

    Interesante reflexión. Aguardo tus próximos escritos. ¿Tienes pensado cada cuánto actualizarás el espacio o lo dejarás a criterio de tu sensibilidad?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: