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De nombres

marzo 21, 2008

Recientemente tuve la oportunidad de leer Calles y Rincones de Bilbao, de Javier González Oliver. Un interesante lexicón sobre las distintas calles, plazas, puentes, parques, grupos, barrios y distritos que conforman el citado municipio. Someramente ensombrecido – como cualquier obra de esta naturaleza- por ciertas inexactitudes y tendencias del autor, permite aprehender la etimología de las calles, las motivaciones que llevaron a los dirigentes de la villa a elegir a ciertos personajes ilustres como imagen de las mismas, así como los inevitables cambios efectuados con el transcurso del tiempo.

Bilvao, 1575.

La historia la reescriben los vencedores, y no los vencidos. ¿Quién ha obtenido la victoria en la última batalla por las calles de Bilbao? Sin tomar en consideración los topónimos, los nombres que más abundan en las calles de la capital bizkaina son los de la oligarquía vasca en conjunción con los jesuitas: prodigan en un grado alarmante curas, santos, nobles, indianos que para purgar sus pecados construyeron hospicios, nacionalistas vascos, carlistas y hasta-¡qué despiste!- ilustres de la guerra de la independencia.

En algún que otro caso, y pese a representar modelos inaceptables de acuerdo a los tiempos modernos, puede tolerarse alguno de esos nombres debido a su rotunda importancia en la historia. Reitero, en algún que otro caso: cualquiera que analice los mismos sabrá que son los menos. Habrá quienes crean que los ciudadanos han recuperado el espacio que por justicia social les corresponde en las calles, mas no es así. Produce cierto desasosiego comprobar como aquellos que hoy gobiernan, son los descendientes directos de aquellos que lo hicieron dos siglos atrás. Al final, como en Thermidor, todo vuelve al punto de partida, ¿no es así?

A día de hoy ni la historia ni las molestias puntuales que puedan sufrir los vecinos puede ser un pretexto para no abordar cambios. Decía Saint Just: “En tiempos de revolución, todo lo que no es nuevo es pernicioso”. La democracia es una revolución progresiva y continua. Eliminar los nombres que el franquismo impuso en 1937 (*) fue práctica continuada en el Ayuntamiento de Bilbao durante los primeros años ochenta. Las cuestiones históricas o los vecinos no fueron impedimento entonces para los jeltzales. ¿Hemos de admitir que después de la restauración borbónica, la victoria ha sido de la oligarquía y el clero, y que no hay tal democracia? El espíritu crítico del bilbaíno debiera mirar hacia Madrid, pero también hacia su propia ciudad.

 

 

 

(*) Un caso excepcional es la calle Navarra: fue promulgada por el bando nacional en agradecimiento al importante papel de Navarra en su victoria, tanto en Bilbao como en el resto de la zona norte.

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