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Fluxus

abril 17, 2008

Noise. When we ignore it, it disturbs us. When we listen to it, we find it fascinating(John Cage)

En Septiembre de 1964 Pete Townshend(guitarrista de The Who) realizó una acción involuntaria durante la actuación su banda en la Railway Station, situada en Harrow & Wealdstone, Londres. Años después, él mismo lo explicaría en sucesivas entrevistas: “Estaba tocando mi guitarra, sacando sonidos, y la golpeé en el techo del club y el cuello se rompió, porque las Rickenbackers están hechas de cartón. Había varios compañeros de la escuela de arte en las primeras filas y se empezaron a partir el culo. Uno de ellos estaba literalmente rodando por el suelo riéndose, y su novia me miraba con una sonrisa de satisfacción. Entonces me puse realmente furioso, cogí lo que quedaba de la guitarra, la rompí en pedazos y salté sobre sus restos. Finalmente cogí la Rickenbacker de doce cuerdas que me había comprado con dificultad un mes antes, y seguí tocando como si nada. Al día siguiente me sentí fatal por perder mi guitarra.” Una semana después The Who ofrecían otro concierto, los fans demandaban más destrucción pero Townshend era reacio; hasta que Keith Moon empezó a destruir su batería.

La destrucción de instrumentos atrajo a muchos fans, y los medios de comunicación empezaron a interesarse en The Who. Poco después llegaría el reconocimiento con la edición del single I Can’t Explain. Townshend defendería entonces ante los medios que destrozaba su guitarra como parte de su condición antimaterialista, influido por el arte auto-destructivo de Gustav Metzger. Es decir, no era violencia, sino arte. ¿O tal vez oportunismo?

En 1966, Michelangelo Antonioni realizó la película Blow-Up. En la misma, Jeff Beck, líder por entonces de The Yardbirds, destruye su guitarra y arroja sus restos sobre un público que lucha por recoger su reliquia.

El momento culmen de la destrucción de guitarras, sin embargo, no llegó hasta el 18 de junio de 1967, en el Monterey Pop Festival. Jimi Hendrix, aún desconocido en su país natal, conquistó al público y finalizó su actuación de forma impactante durante los últimos acordes de Wild Thing: prendió fuego a su Stratocaster y se sentó ante ella como si realizara un ritual. Instantes después, la tomó, destrozó y arrojó sus restos al público. La destrucción de Hendrix era muy violenta y sexual, un orgasmo primigenio, el arte afroamericano reclamando su lugar en la opinión de muchos. El guitarrista expresaría al respecto: “La ocasión en que quemé mi guitarra, fue como un sacrificio. Sacrificas las cosas que amas, yo amo a mi guitarra”. Que The Who tocara justo antes que Hendrix en el festival resulta revelador en parte.

Desde entonces, son muchos los que han continuado la tradición de destruir a la amada: Ritchie Blackmore(Deep Purple y Rainbow), Paul Simonon(The Clash), Kurt Cobain(Nirvana), Paul Stanley(KISS), Marilyn Manson, Nikki Sixx(Möttley Crüe) y Trent Reznor(Nine Inch Nails), entre otros. Las motivaciones, sin embargo, no son tan sinceras ni novedosas hoy como lo fueron en los sesenta.

Hasta este punto, he narrado unos acontecimiento más o menos conocidos por todo aficionado al rock’n’roll para descubrir al paciente lector los precedentes, en muchas ocasiones ignorados:

En la década de los cincuenta, Jerry Lee Lewis, quemó -en al menos una ocasión- su piano mientras interpretaba Great Balls of Fire. Cuenta la leyenda que lo hizo motivado por su animadversión hacia Chuck Berry, para el cual abría en aquella ocasión. Al abandonar el escenario le debió decir: “Supera eso, negrata”.

¿Fue entonces Townshend, no ya el primero en destruir un instrumento musical voluntariamente, sino el primero en realizar dicha acción con una guitarra? ¡Tampoco!

En 1962, durante un evento convocado por el movimiento de los Fluxus en el Institute of Contemporary Arts de Londres, y que recibió el nombre de Festival of Misfits, Robin Page-hoy conocido como Bluebeard- se anticipó en dos años a Townshend y su “Pieza de Guitarra” fue considerada la actuación más importante de la velada dedicada a Música de Acción. Musgrave lo describió así: “Llevando un casco plateado y reluciente y con su guitarra en ristre, listo para tocar, Robin esperó unos momentos antes de aporrearla contra el escenario y contra el público, a lo largo del pasillo y por los escalones hasta salir a la calle. El efecto fue dramático, los espectadores se levantaron y le siguieron mientras corría por la calle dándole frenéticos golpes a la casi desintegrada guitarra. El cielo nocturno estaba lleno de relámpagos; era el mismo día en que todo el mundo estaba acongojado por el punto crucial de tensión nuclear entre Kennedy y Kruschev durante la crisis de Cuba”.

¿Es posible que Townshend, que había empezado a estudiar en el Ealing Art College un año antes(lugar en el cual, dicho sea de paso también estudiaron otros músicos notables como Freddie Mercury(Queen), Ronnie Wood(The Faces, The Rolling Stones) y Ray Davies(The Kinks)) tuviera conocimiento de los Fluxus y Robin Page? No he encontrado datos al respecto, pero siendo un estudiante de arte, ¿no os parece mucha casualidad? Por otra parte, Gustav Metzger también asistió al Festival of Misfits, e impartió clases en el Ealing Art College.

En 1958, John Cage, padre de la música experimental, daba clases en la New School for Social Research de Nueva York, siendo determinante para que George Maciunas diera a luz Fluxus en 1962, contando entre sus miembros con antiguos alumnos de Cage. Fue un movimiento realmente complejo e inclasificable, heredero de Dadá y el anti-arte.
La influencia de Fluxus en el rock’n’roll no se reduce a la destrucción de guitarras. La artista Yoko Ono, maltratada por la prensa especializada e injustamente culpada de la separación de The Beatles, influyó mucho en el sonido de la banda y en lo que esta representaba. John Cale y Angus MacLise abandonaron el Theatre of Eternal Music de La Monte Young para formar poco después The Velvet Underground junto a Lou Reed. Ambos, Ono y Young, formaban parte de Fluxus.